BOOKI

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miércoles, 23 de septiembre de 2015

CUENTOS DE OTOÑO

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LAS HOJITAS DE OTOÑO
Érase una vez tres hojitas y un cascabel.
Cuando el viento soplaba las hojitas bailaban mientras el cascabel sonaba.
Y sonando, sonando el otoño iba anunciando.
Cada vez bailaban más hasta que un día ¡del árbol, echaron a volar!
Y volando, volando vieron muchas maravillas
todo el campo cubierto de hojas secas y amarillas.
Y mientras volaban se preguntaban cuál era la razón de su cambio de color.
Y así al viento preguntaron y no supo contestar y cuando llegó la lluvia volvieron a preguntar.
Preguntaron muchas cosas, preguntaron sin parar
pero la Señora Lluvia tampoco las supo ayudar.
A Don Otoño encontraron descansando en una rama y poniendo cara rara volvieron a preguntar:
Díganos Señor Otoño ¿qué es lo que pasa aquí? por qué nuestro color ha cambiado y del árbol tuvimos que partir.
Contestando Don Otoño con voz ronca y muy serena que cuando él llega con él han de llegar tanto la lluvia que moja como el viento que ha de soplar.
Por eso amiguitas mías – dijo el Señor Otoño – no os debéis de preocupar transcurridos unos meses todo esto pasará, pues vendrán otras hermanas y de nuevo al Señor árbol de verde lo cubrirán.
Muchas gracias Don Otoño – dijeron las tres hojitas –  por a nuestras preguntas contestar,
ya nos vamos más tranquilas sabiendo qué va a pasar.
Esta ha sido la historia de nuestro amigo el otoño que siempre por estas fechas nos viene a visitar y como la lluvia y el viento le ayudan a trabajar.
Y colorín, colorado el cuento del otoño ha terminado.

 Preguntas para comprobar la comprensión del cuento.

¿Quiénes son las protagonistas de este cuento?, ¿Quién desprende las hojas de los árboles?, ¿Hablaron las tres hojitas con el Señor Otoño?
¿Dónde estaban las tres hojitas colgadas?, ¿Dónde estaban el viento y la nube?
(Lo que sucede primero) ¿Qué hacían las tres hojitas?, ¿Dónde estaba el cascabel?
(Lo que sucede después) ¿Quién las hace bailar?, ¿Por qué sopla el viento y llueve?
(Lo que sucede al final) ¿Por qué estaban asustadas las hojitas?, ¿Preguntaron a la nube?, ¿Y al viento?, ¿Y al Señor Otoño?, ¿Se pusieron contentas al hablar con el Señor Otoño? ¿Por qué?


hojaotono
PINTOR SIN PINCELES
Una vez había un niño que se llamaba TINTON. Un día la mamá de Tintón le preguntó:
- Tintón ¿de qué color te gustaría que pintara tu cuarto?
- A mí me gusta el color amarillo. ¿Me lo dejas pintar a mí, mamá?
- No, querido. Mañana vendrá el pintor Manuel.
Al otro día llegó el pintor. Trajo un tarro de pintura amarilla, un pincel grande, un balde y una escalera.
- ¿Me dejará pintar un poco a mí? -pensaba Tintón.
Entretanto, Manuel se puso un gorro en la cabeza y empezó a pintar: Ssssssss el pincel para arriba. Ssssssss... El pincel para abajo. Y cantaba:
Yo soy el pintor Manuel, pinto con pintura, pinto con pincel...
Y caían gotitas amarillas por todas partes.
La mamá de Tintón rezongaba - ¡Ay, Dios mío! ¡Cuándo acabará de pintar este hombre! ¡Miren cómo ensucia toda la casa!... En cambio Tintón se divertía mucho. Apenas llegaba del Jardín de Infantes se ponía un gorro de papel y él también pintaba. Y cantaba:
Yo soy el pintor Tintón. Que pinto mi cuartito. Yo soy el pintor Tintón, con pincel chiquitito...
Un día Tintón volvió del Jardín y el pintor no estaba.
- Mamá, ¿y don Manuel?
- Ya acabó de pintar y se fue.
El pobre Tintón estaba triste. Caminaba por el patio sin saber que hacer. En eso oyó: - Chipit chipit...
Miró para arriba y vio un gorrión que le decía: - ¿No ves nada raro, Tintón? Entonces miró bien, y de pronto exclamó:
- ¡Ah, sí! El árbol tiene algunas hojas pintadas de amarillo. ¡Que suerte! Entonces va a venir el pintor Manuel para seguir pintando.
En eso oyó: - Riiiiing riiiiing...
- ¡Viva! ¡Aquí llega el pintor Manuel! -Y Tintón fue corriendo a abrir la puerta. Se encontró con un hombre que tenía una bolsa rara.
- Buenas tardes. ¿Qué deseaba, señor?
- Vengo para seguir pintando las hojas del árbol.
- Pero usted no tiene pincel. ¿Con qué va a pintar, señor?
- Yo pinto sin pinceles, pibe.
- ¡Ah! ¿Pinta con el dedo?
- No; yo pinto con lo que traigo en esta bolsa.
Y el hombre fue al patio con la bolsa.
Tintón pensaba: - ¿Qué habrá en esa bolsa? ¿Qué habrá?...
El hombre abrió una esquina de la bolsa y dijo:
Viento frío como la capa de tu tío, tienes que poner amarillas las hojas hasta que se caigan, flojas...
Y de la bolsa salió un silbido finito, finito... ssssssssss...
- ¡Ay, que frío! -dijo Tintón. Y fue adentro a ponerse una tricota. Cuando volvió al patio, vio que el hombre cerraba ese piquito de la bolsa, abría otra esquinita y decía:
Sol, solcito, tienes que ser apenas tibiecito.
A ver, saca un rayito y yo lo pruebo con mi dedito...
Y el hombre puso el dedo cerca de la bolsa
- Todavía es caliente... más tibio, sol... ¿A ver? ¡Ahora sí! -decía el hombre.
Y Tintón veía que de la bolsa salía un sol apenas tibio.
- Muy bien -dijo el hombre- ahora vamos a probar:
Viento frío, sal de la bolsa; sol tibio, sal de la bolsa, y de amarillo pinten las hojas.
Tintón, calladito, ¡miraba todo con unos ojos grandes así! De pronto vio que las hojas de los árboles se ponían más pálidas, más pálidas, y se doblaban un poco.
El viento soplaba: - Ssssssss, hojitas, a volar, hojitas a volar... Y las hojas amarillas iban cayendo al suelo.
- Bueno -dijo el hombre de la bolsa del MOÑO- adiós, nene. Volveré mañana.
- Hasta mañana, señor -dijo Tintón. No se acercaba mucho porque pensaba: ¿Y si abre la bolsa y me pone amarillo a mí también y me hace caer al suelo?
Pero cuando el hombre estuvo en la calle, entreabrió un poquito la puerta, asomó la nariz y le preguntó despacito:
- Señor de la bolsa, ¿quién es usted? para decírselo a mi mamá, ¿sabe?
Entonces el hombre se dio vuelta, lo miró fijo, fijo, y le contestó con voz de viento:
Yo soy el señor Otoño que pinta sin pinceles con una bolsa con MOÑO lari laralí lará...


árbol caducos, árboles perennes
¿POR QUÉ ALGUNOS ÁRBOLES
NO PIERDEN SUS HOJAS?
Una vez, hace mucho tiempo, empezó a hacer mucho frío porque el invierno se acercaba. Todos los pájaros que se iban cuando llegaba este momento en busca de sitios más cálidos ya habían partido. Sólo quedaba un pobre pajarito que tenía un ala rota. El pobre pensaba que si no encontraba pronto un lugar donde refugiarse se moriría de frío, miró alrededor y vio un montón de árboles que seguro que le prestarían cobijo.
Saltando y aleteando cuando podía, llegó al bosque y encontró un árbol que le impresionó por lo grande que era y lo fuerte que parecía, era un roble, el pájaro le pidió permiso para refugiarse entre sus ramas hasta la llegada del buen tiempo. El roble le dijo, muy enfadado, que si le dejaba picotearía sus bellotas y le echó de mala manera.
El pájaro vio un árbol precioso de hojas plateadas y tronco blanco, era un álamo y pensó que le daría refugio. Le contó su problema y el álamo le echó con cajas destempladas diciéndole que iba a manchar sus bonitas hojas y su blanquísimo tronco.
Cerca de allí había un sauce que con sus largas ramas colgando hasta el suelo le pareció al pajarito que sería una buena casa para los fríos que se avecinaban. Pero igual que los demás le rechazó argumentando que no trataba nunca con desconocidos y pidiéndole que se marchara cuanto antes.
El pajarito empezó a saltar como podía con su ala rota sin llevar un rumbo fijo, un abeto le vio y le preguntó que le pasaba, el pobre se lo contó y el abeto le ofreció sus ramas mientras le indicaba donde hacía más calorcito. El pájaro le explicó que sería para todo el invierno y el árbol le dijo que así tendría compañía. El pino, que estaba cerca de su primo el abeto, se ofreció para protegerle del viento ya que sus ramas eran más grandes y fuertes.
El pájaro se preparo un lugar bien abrigadito en la rama más grande del abeto y protegido del viento por el pino se dispuso a pasar el invierno. El enebro se ofreció para que pudiera comer de sus bayas y no muriera de hambre.
Estaba muy contento y charlaba con sus amigos, los demás árboles hacían comentarios despectivos sobre ellos.
Aquella noche empezó a soplar el Viento del Norte fuerte y frío, iba pasando de árbol a árbol y sus hojas iban cayendo una tras otra. De pronto giró y se dirigió hacia donde estaban los amigos del pajarito, el Rey de los Vientos le frenó y le dijo que podía desnudar a todos los árboles menos a los que habían ayudado al pájaro.
El Viento del Norte los dejó en paz y conservaron sus hojas durante todo el invierno y desde entonces siempre ha sido así
LAS DOS ARDILLAS
En un lejano bosque repleto de árboles vivían dos ardillas que eran muy amigas, la ardilla roja y la ardilla gris. La ardilla roja era muy trabajadora. Cuando llegaba el otoño se pasaba el día recogiendo frutos secos para llenar su despensa. La ardilla gris, sin embargo, era muy holgazana.
ardillas oto9ño
Mientras su amiga trabajaba recogiendo frutos secos, ella se pasaba el día tumbada en el campo, disfrutando del paisaje, muy contenta de no hacer nada.
Cuando al final del otoño tuvo la ardilla roja repleta su despensa de frutos secos, se preparó a encerrarse en su casa, dispuesta a pasar el invierno tranquilamente.
Y llegaron los vientos y los fríos invernales. En el bosque era imposible estar. Todos los animalitos se escondían en sus casas y comían los frutos secos que habían recogido en el otoño.
Eran días desastrosos para la ardilla gris, la ardilla holgazana, quien por no ser trabajadora tenía la despensa vacía.
Una noche el bosque se llenó de nieve, los animalitos no podían encontrar comida fuera de su casa. Ahora tendrían que alimentarse cada uno con lo que hubieran recogido en el otoño.
¡Pobre ardilla gris! ¡Había sido tan holgazana! Ahora no tenía nada en su despensa y casi se moría de hambre
Un día la ardilla roja la vio venir medio muerta de hambre y frío, y llorando.
- Ardillita roja, amiga mía. ¡Socórreme! Ya no puedo resistir más, me muero de hambre. Dame algo de comer.
La ardilla roja era muy bondadosa y la dejó entrar en su casa.
- Pasa, pobrecita. Aquí encontrarás comida y calor durante todo el invierno. Lo qué yo guardé en el otoño lo comeremos entre las dos.
- ¡Qué buena eres, querida compañera! - dijo emocionada la ardilla gris.
Pero como la comida estaba calculada para una ardilla sola, y no para dos, llegó un momento en que se acabó y vinieron días de escasez y de hambre.
Pero cuando empezó hacer buen tiempo salieron a trabajar.
¡A trabajar! Tanto la ardillita roja, que siempre había sido trabajadora, como la ardillita gris que nunca había trabajado.
Y es que la ardillita roja había sido tan bondadosa que conmovió a la ardillita gris, y ésta le prometió que ya nunca volvería a ser holgazana.

 LA CADTAÑA QUE REVENTÓ DE RISA.

castaña
Una vez iban de paseo una brasa de carbón, una paja y una castaña. Llegaron a un río y no sabían cómo atravesarlo.
La castaña, que era muy lista, propuso lo siguiente:
-Como la paja puede flotar en el agua, yo me montaré encima de ella y me llevará nadando a la otra orilla. Luego regresará a ti, dijo dirigiéndose a la brasa.
A las dos les pareció muy bien, y así se hizo. Primero la paja pasó a la castaña y luego volvió por la brasa de carbón.
Pero cuando estaban a mitad del río, la paja sintió que se estaba quemando con el calor de la brasa y casi sin querer hizo un movimiento brusco, y de una sacudida la tiró al agua.
Cuando la castaña lo vio, le dio un ataque de risa. Se reía tan a gusto, de ver a la brasa remojada, se reía con tanta fuerza, que reventó.
La paja llegó a la orilla completamente chamuscada.
La brasa llegó más tarde, apagada por completo, chorreando.
Llegaron además muy enfadadas las dos con la castaña porque se había reído cuando ellas lo pasaban mal, pero cuando vieron que con la risa había reventado su piel, y estaba destrozada, se compadecieron y fueron a buscar al sastre para que la remendara y le recosiera el roto.
El sastre sólo tenía un trozo de tela de color más claro que el de la piel de la castaña, y tuvo que arreglárselo poniéndole un pedazo de ese color.
Por eso ahora andan todas las castañas con un trozo de piel, que parece un trocito más claro.

 LAS DOS HOJITAS
Era un gran árbol lleno de hojas, hasta un día, en que apareció un gran viento que comenzó a soplar y soplar. Las hojas iban cayendo al suelo una tras otras. Unas se llenaban de barro, otras las pisaban los niños, y otras iban a parar a la basura cuando las recogía el barrendero.
hojas secas otoño
Había en lo alto de una ramita dos hojas que lloraban porque no querían caer al suelo. No querían llenarse de barro, que los niños las pisaran o que las echaran a la basura. Cada vez que venía el viento se movían pero se agarraban con su rabito muy fuerte a la rama del árbol. De pronto dijo la más pequeñita: "tengo una idea, mira aquel pájaro que vuela por el cielo, por qué no esperamos que venga un granviento y volamos como él". A la otra hoja le pareció una estupenda idea. Cuando sopló un gran viento las dos hojas soltaron su rabito de la rama del árbol y volaron por el aire, muy alto, muy alto, hasta desaparecer junto a los pájaros del cielo.

LAS DOS GOTITAS


Las dos gotitas de agua vivían en una gran nube. Comenzó a llover y la gotita pequeña no quería caer, le daba mucho miedo. Su mamá le contó que era muy divertido, que un día calló en una flor, otro día en una casa y otro día en una calle muy bonita.La gotita pequeña, con mucho miedo, agarró de la mano a su mamá, cerró los ojos y se dejó caer.
gotas de agua, cuento sobre agua
Las dos gotitas de agua cayeron junto con las demás, formando una gran lluvia plateada. La mamá mojó la hoja de un árbol, se resbaló y cayó al suelo produciendo un gran ruido: "plaf". Su hija, como era más delgadita, tardó más en caer, se posó sobre un paraguas rojo, haciendo un ruidito: "clic". Después resbaló y cayó en el gorro de una niña, "clic", se deslizó por su nariz para más tarde gotear en su impermeable azul. Al final acabó en unas botasde agua. Estuvo un buen rato en la bota hasta que la niña comenzó a andar y cayó a un gran charco que había en el suelo. Allí encontró a su mamá a quien le dio un gran abrazo. Después de contarse el largo viaje, quedaron fundidas en el gran charco de agua. Más tarde, salió el sol, se reflejó en el charco y apareció un bonito arco iris.

LAS  DOS  GOTITAS  DE  LLUVIA



Las dos gotitas de aguas vivían en una gran nube. Comenzó a llover y la gotita pequeña  no quería caer, le daba mucho miedo. Su mamá le contó que era muy divertido, que un día cayó en una flor, otro día en una casa y otro día en una calle muy bonita.

 La gotita pequeña ,con mucho miedo, agarró de la mano a su mamá, cerró los ojos y se dejó caer.

 

Las dos gotitas de agua cayeron junto con las demás, formando una gran lluvia plateada.


La mamá mojó la hoja de un árbol, se resbaló y cayó al suelo produciendo un gran ruido: "Plaf". Su hija,  como era más delgadita, tardó más en caer, se posó sobre un paraguas rojo realizando un ruidito: "clic". Después resbaló y cayó en la gorro de una niña, "clic", se deslizó por su nariz  para más tarde gotear en su impermeable azul. Al final acabó en unas botas de agua. Estuvo un buen rato en la bota hasta que la niña comenzó a andar u cayó a un gran charco que había en el suelo. Allí encontró a su mamá  a quien le dio un gran abrazo.

 

Después de contarse el largo viaje, quedaron fundidas en el gran charco de agua. Más tarde, salió el sol, se reflejó en el charco y apareció un bonito arco iris.
 LA ARDILLA PEPITA
Érase una vez una ardilla llamada Pepita. Un día iba dando un paseo por el bosque con su mejor amigo el búho Perico, y vieron un nogal cargado de nueces. A Pepa se le pusieron los ojos haciendo chirivitas así que subió al árbol, agarró una nuez y la mordió.
ardilla comiendo nuez en otoño
- ¡Puaggg! ¡Qué mala!- dijo enojada- qué amarga está, y la tiró.
Su sabio amigo comenzó a reír
- Amiga mía -le dijo- ¿Porqué no le quitas la cáscara?
Le hizo caso y juntos se comieron un banquete de nueces.
Y desde entonces las ardillas se pasan el otoño recogiendo nueces para comerlas con los amigos cuando llega el invierno.
 

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